Una instalación con equipos a presión puede contar con varios sistemas de control y alarma. La válvula de seguridad es, sin embargo, el único que actúa cuando todos los demás han dejado de hacerlo.
Qué significa ser la “última barrera”
Una PSV es un dispositivo de protección pasivo: no depende de energía eléctrica, de una señal de control ni de la intervención de un operador. Se abre de forma automática cuando la presión del sistema supera el valor para el que ha sido tarada, con independencia de si el resto de sistemas de la instalación ha respondido correctamente. Esa es la razón por la que se la considera la última línea de defensa frente a una sobrepresión.
Qué puede ocurrir cuando esa barrera no responde
Las consecuencias de una válvula que no actúa como debería dependen de las características de cada instalación y del proceso implicado, por lo que no existe un escenario único aplicable a todos los casos. En términos generales, una PSV que no abre a la presión correcta, o que no cierra de forma estanca tras hacerlo, deja de cumplir su función de protección y puede derivar en situaciones de riesgo para el equipo, para la instalación y para las personas.
El mantenimiento como parte de la seguridad, no solo del cumplimiento normativo
Revisar y tarar una válvula de seguridad no es únicamente un requisito de cumplimiento documental: es lo que permite confirmar que, llegado el momento, la válvula va a responder dentro de los márgenes para los que fue diseñada. Esto incluye el desmontaje y diagnóstico de sus componentes, el ajuste del tarado y la comprobación en banco de pruebas de la presión de apertura, antes de devolver el equipo a servicio.
El papel de SOLINEP
En SOLINEP trabajamos la inspección, reparación, tarado y prueba de válvulas de seguridad con el objetivo de que cada equipo responda cuando la instalación lo necesite. No se trata solo de mantener una válvula en funcionamiento, sino de sostener la seguridad y la continuidad operativa de toda la instalación que protege.